Un testamento que data de 1504 menciona el santuario de «Sent Saubador deu Banh», que significa «San Salvador de los baños», compuesto por un oratorio dedicado al Salvador y un baño construido junto al manantial, cubierto por una bóveda excavada parcialmente en la roca. En 1572, por iniciativa del obispo de Tarbes, se construyó junto a este manantial un pequeño edificio provisional. Las aguas de Saint-Sauveur fueron reconocidas oficialmente como manantial de Estado en 1730.
Saint-Sauveur experimentó un nuevo crecimiento hacia 1750, cuando el padre Bézégua, curado de enfermedades digestivas gracias al manantial, predicó durante años sus virtudes y construyó, junto a la piscina colectiva, una casa de acogida para los curistas. La fama del lugar a finales del siglo XVIII se debió también a la eficacia de los tratamientos contra las enfermedades femeninas. En aquella época, el barrio vio surgir varios establecimientos hoteleros, nuevos baños y una capilla. En 1794 se propuso la construcción de un auténtico balneario mediante la unificación de los edificios existentes y algunas casas contiguas.
En el siglo XIX, cuando las termas vivieron su época dorada, fueron objeto de sucesivas ampliaciones y mejoras importantes para satisfacer la demanda de una clientela compuesta por extranjeros adinerados, personalidades destacadas y miembros de la realeza. Las duquesas de Berry y de Angulema acudían a pasar sus vacaciones atraídas por el romanticismo del lugar, los paisajes pintorescos y los bucólicos paseos saludables, símbolos de las nuevas diversiones mundanas del termalismo.
En 1859, Saint-Sauveur se ganó su prestigio gracias a la estancia de la pareja imperial, Napoleón III y Eugenia de Montijo, quienes proyectaron la construcción de suntuosos edificios y dotaron al barrio de un patrimonio inestimable.
En 1996, una ampliación permitió la creación del primer centro de balneoterapia del departamento. Las salas de tratamientos se equiparon con tecnologías de vanguardia: máquina de talaxión para el drenaje, cromoterapia para estimular la actividad venosa…
Hoy en día, el agua termal rica en azufre de Luz-Saint-Sauveur brota en forma de manantial caliente a 33 °C. Gracias a sus propiedades calmantes, cicatrizantes y regeneradoras, constituye una alternativa natural y eficaz a los tratamientos farmacológicos y quirúrgicos en flebología, ginecología o para el tratamiento de las vías respiratorias.
Entrada con pórtico de columnas (antigua fachada principal)
Inscripción grabada: «Vos haurieris aquas de Fontibus Salvatoris: Beberéis las aguas de la Fuente del Salvador —o de la Salvación—».
Salón termal (entrada libre de 15:00 a 19:00, excepto los domingos). Reproducción de la bañera de Eugenia, cabinas de baño y galería.