Napoleón y EugeniaLa historia de su llegada
En el verano de 1859, Saint-Sauveur está en plena efervescencia para preparar la llegada de Napoleón III y de la emperatriz Eugenia. La pareja imperial acude allí para someterse a un tratamiento termal, siguiendo el consejo del ministro Achille Fould.
A sus 33 años, Eugenia se encontraba debilitada desde el nacimiento de su primer hijo, tres años antes, y esperaba recuperar la salud y, tal vez, dar un segundo heredero al emperador. La llegada de los soberanos exigía importantes reformas en el balneario. Se reorganizaron los baños termales, en particular con la creación de cabinas imperiales. Numerosos artesanos se movilizaron para ofrecer un confort a la altura de su rango. Las obras fueron dirigidas por el ingeniero François Guilloutet, reconocido por su seriedad.
La cuestión del alojamiento también es fundamental. La elección recae en la casa Brauhauban, situada cerca de las termas. Esta residencia está completamente amueblada con piezas procedentes del castillo de Pau. Las casas vecinas acogen la suite imperial.
Contrariamente a lo que indican algunas inscripciones, la estancia de 1859 duró solo 23 días. Una segunda visita, en 1863, sería mucho más breve. Esta estancia dejó una profunda huella en Saint-Sauveur, atrayendo a visitantes y dando lugar a numerosas obras y mejoras.

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